Quién soy
Hace casi veinte años que miro la calle en blanco y negro. No sabría decir cuándo empezó del todo; un día estaba haciéndolo y ya no he parado.
Vivo en Andorra, entre montañas, pero buena parte de mí está en otros sitios. En ciudades cuyo nombre importa menos que lo que encontré en ellas: alguien esperando, una sombra cruzando, un gesto que duró lo que tarda en cerrarse un obturador.
No busco el momento espectacular. Me interesa lo que ocurre cuando nadie mira: la distancia entre dos personas, una mano a medio camino, la forma en que la luz se posa en una pared cualquiera. Casi todo lo que me importa pasa así, de refilón, y se va enseguida. Fotografiar, para mí, es solo estar atento cuando ocurre.
Lo que hay aquí es lo que ha sobrevivido a casi veinte años de mirar. No es todo lo que he hecho; es lo poco que sigue en pie.